Música de Chile
Noviembre 8, 2011
La fiesta de la virgen de La Tirana
INTRODUCCION
El calendario folklórico chileno registra una cantidad extraordinaria de celebraciones religiosas en las que intervienen cofradías danzantes, cuyo origen se remonta a los albores de la Colonia. Cronistas como Alonso Ovalle dan fe de las procesiones santiaguinas del siglo XVII, animadas con la participación de los bailes de indios y morenos, quienes competían en luces, insignias, pendones, danzas, músicas, cajas y clarines. En la actualidad estas danzas han desaparecido, casi completamente, desde Santiago al sur, pero se mantienen, sin visos de decadencia, desde la provincia de Valparaíso y sus inmediaciones, hasta el extremo norte del país. Juan Uribe Echeverría en "FIESTA DE LA TIRANA DE TARAPACA" (1973, segunda edición) refiere lo siguiente: "En la celebración de la Virgen de las Mercedes, en Isla de Maipo, al suroeste de Santiago, interviene una cofradía de "chinos" que danzan en la procesión, a pasitos cortos, acompañados de acordeón, guitarra y tambor. Visten el traje convencional de los súbditos del Celeste Imperio. Ni en su atuendo ni en ningún aspecto de su presentación se asemejan a los tradicionales "bailes chinos" que acuden a Andacollo. La comparsa de Isla de Maipo es de origen relativamente reciente".

El estudio diferenciado de estas manifestaciones folklóricas en lo que a coreografía, atuendo, música y canto se refiere, obliga a una división geográfica en tres zonas:

  1. La primera de ella comprende las provincias de Valparaíso y Aconcagua (V región), las que ofrecen con la categoría de fiestas mayores, el Corpus Christi de Puchuncaví (de fecha variable en los meses de Mayo y Junio); la Virgen del Carmen de Petorquita y Pachacamita (16 de Julio); la Virgen del Rosario del Valle Hermoso, la Ligua (el primer Domingo de Octubre). En Puchuncaví y Petorquita se concentra la mayor parte de los "bailes" que acuden, en forma dispersa, a fiestas menores o fraccionadas.
  2. En las provincias de Coquimbo y Atacama (III y IV regiones) se pueden señalar tres fiestas de hondo y tradicional contenido folklórico. Ellas son la Virgen del Rosario de Andacollo (24 al 26 de Diciembre), el Niño Dios de Sotaquí (6 de Enero); la Candelaria de San Fernando de Copiapó (12 de Febrero). Las danzas del Norte Chico tienen, al igual que las de la V región, una actividad anual bastante nutrida que se desgrana en otras fiestas locales.
  3. El Norte Grande (I y II regiones) mantiene dos celebraciones de extraordinario esplendor: la Virgen del Carmen de la Tirana (16 de Julio), y la Virgen de las Peñas de Lívilcar (primer Domingo de Octubre). A ellas asiste la mayor parte de los bailes regionales que, ocasionalmente y en forma fraccionada, se presentan, en número reducido, en otras celebraciones locales.
LA TIRANA, HISTORIA Y TRADICION
El pueblo de La Tirana se encuentra en la Pampa del Tamarugal a 1.010 metros de altura, al norte del Salar de Pintados, a corta distancia de Pica y a 84 kilometros del puerto de Iquique. Su población permanente alcanza a unos doscientos habitantes. El 16 de julio de cada año acuden al pueblo unas cuarenta y cinco mil personas procedentes de Iquique, Antofagasta, Arica y de otras localidades para rendir homenaje a la Virgen y admirar la destreza y los trajes de las cofradías danzantes que suman, fácilmente, cerca de mil bailarines de ambos sexos, repartidos en más de cien conjuntos.

Sobre el origen del pueblo de La Tirana y su milagrosa Virgen, existe una leyenda que ha recogido y popularizado el historiador peruano Rómulo Cuneo Vidal. "Cuando a mediados de 1535 el adelantado don Diego de Almagro salió del Cuzco a la Conquista de Chile, al frente de quinientos cincuenta españoles y diez mil indios peruanos, acompañáronle dos hombres que para los fines de aquella empresa valían cuanto un ejército entero de auxiliares. Fueron ellos Paullo Tupac, príncipe de linaje de los Incas y Huillac Huma, último sumo sacerdote del extinguido culto del Sol...".

"Tratados ostensiblemente por los castellanos con los miramientos debido a su elevada jerarquía, no pasaron aquéllos de la condición de prisioneros de estado mantenidos en rehenes por el vencedor y destinados a pagar con la vida el menor conato de rebelión de los indios que formaban parte de la expedición. Es fama que vinieron secretamente con Paullo cierto número de "wilkas", o capitanes experimentados de los antiguos ejércitos imperiales, y un grupo de sacerdotes cuyos corazones latían a impulso del odio y de la venganza, debajo de su aparente humildad y sumisión. Acompañó a Huillac Huma su hija, nacida en el Cuzco veintitrés años atrás, por cuyas venas corría la sangre de los soberanos de Tahuantisuyu con una intensidad y heroica determinación que ya debieran haber vibrado años atrás en la fibra del débil y confiado Atahualpa. Sabido es de los entendidos en achaques de historia del antiguo Perú como Hullac Huma, desprendiéndose sigilosamente de la hueste castellana a la altura de Atacama la grande, al regreso de Chile, huyó a la provincia de Charcas con el objeto de fomentar la rebelión que promoviera en el Cuzco el generoso Inca Manco".

"Al alcanzar la hueste sucesivamente a Pica, huyó a su vez Huillac Huma, con idéntico fin, con rumbo a la frontera de Liper, a tiempo que la Ñusta Huillac, su hija, seguida de un centenar de "wilkas" y adictos servidores huía al bosque de tamarugos, y acacias silvestres que por entonces cubrían en su mayor extensión lo que hoy llamamos Pampa del Tamarugal, del que quedan, en nuestros días, restos no desprovistos de salvaje belleza en las inmediaciones del pueblo de Tarapacá y alrededor de los caseríos de Canchones y La Tirana. No estará de más agregar que el nombre indígena Tarapacá lleva en sí la idea de escondite o bien de boscaje impenetrable. Tarapacá procede indudablemente de "tara": árbol y "pacani": esconderse, ocultarse".

"Durante cuatro años Huillac Ñusta, rodeada de sus fieles vasallos, dominó en el bosque. Este fue su feudo y su baluarte. La fama de sus prestigios y de sus hazañas provocadas por su ardiente dedicación a la causa de su nación pasó muy pronto los límites de la comarca. Las tribus vecinas y remotas vieron en la animosa princesa una fórmula viviente y gallarda de la nacionalidad; vieron la protesta airada contra la dominación extranjera. Y de los ámbitos inmediatos y lejanos del territorio de Tahuantisuyu acudieron, a los enmarañados senderos del bosque de los tamarugos, nutridas huestes de hombres de bien puesto corazón dispuestos a luchar y sucumbir a lado de la animosa "ñusta" por el suelo natal y por la fe. La selva primitiva y bravía fue durante cuatro años el extremo reducto de una raza y de un culto proscritos..."

La Fiesta de La Tirana
Actualmente son más de 60.000 visitantes, promeseros, músicos, bailarines, peregrinos y fieles que asisten cada año, entre el 13 y 18 de julio, al santuario en el pueblo La Tirana, ubicado a 80 kms. Al interior de Iquique. Los principales actores de esta festividad son las Sociedades Religiosas de las ciudades, pueblos y centros mineros del norte grande, que consisten en grupos instrumentales y cuerpos de baile afiliados a una federación que los agrupa.

Las bandas en estos conjuntos constan de:

  1. una sección rítmica compuesta por bombos, tambores, cajas, matracas, platillos; y
  2. una sección de vientos que pueden ser:
    1. instrumentos de origen indígena: zampoñas, pitos, quenas, tarkas;
    2. instrumentos de origen europeo: trompetas, trombones, fliscornos, saxofones, clarinetes.
Los grupos de bailes, que se conforman por niños, jóvenes y adultos de ambos sexos vestidos con llamativos atuendos, disfraces, adornos y máscaras preparados exclusivamente para la ocasión, son grupos cerrados donde no participa el público; tienen una coreografía para los toques instrumentales y realizan diferentes pasos o "mudanzas" dirigidos por el silbato, campana, matraca o señas del caporal, al compás de los sones de las bandas.

La secuencia ritual que cada agrupación sigue todos los años es la siguiente:

LA LLEGADA: Las Sociedades se presentan en la Cruz del Calvario, ubicada a la entrada del pueblo. Con el estandarte al frente, los danzantes, con el acompañamiento de las bandas, se dirigen a la iglesia a saludar a la Virgen. Al retirarse a sus sedes respectivas, los grupos "montan" cada uno su propia imagen de la Virgen, la que después de ser venerada con cantos y bailes es sacada a las calles, donde prosiguen las "mudanzas".

EL CANTO DEL ALBA: Es el primer saludo a la Virgen en la iglesia el día 16, el que comienza a las 0 horas y finaliza aproximadamente a las 6.

LA PROCESION: Esta se realiza por las calles del pueblo el mismo día 16 en la tarde y como culminación de las festividades. La imagen de la Virgen es sacada del templo y llevada en andas por los fieles y el público en lenta marcha.

LA DESPEDIDA: Esta comienza al crepúsculo del día 16, habiendo retornado ya la imagen al templo. Esto durará hasta el día 17 o 18.

LA RETIRADA DE LA DESPEDIDA: Después de los saludos, el recorrido hasta la Cruz del Calvario se realiza danzando al compás de los toques instrumentales y cantos festivos, donde los dirigentes, caporales, bailarines y músicos de cada grupo se despiden en emotiva ceremonia hasta el año venidero.

Esta misma secuencia re repite nuevamente dos semanas después en las principales ciudades del litoral nortino, en la ya tradicional "Tirana Chica", en donde durante dos días revive el fervor, los cantos, toques y "mudanzas" de los grupos que asistieron al pueblo La Tirana y que ahora, en sus respectivos lugares de origen, aclaman a la Virgen del Carmen en compañía de los fieles que quizás no pudieron asistir a la fiesta grande.

<< La Zamacueca: una modalidad regional en Argentina,... Historia de La Cueca >>


©2018 Música de Chile
Diseño y programación: Marcos Maldonado Aguirre
La Florida, Santiago de Chile