Música de Chile
Mayo 3, 2010
Mapudungun: la música será letra
Muñoz H., Juan Antonio

Fotografía de un grupo de mapuches de fines del siglo XIX. Fue tomada por Rodolfo Knittel.
El Programa de Fomento de las Lenguas Nativas en el Sector Urbano, que dirige Vicente Ruiz, persigue actualmente la consolidación de la gramática desarrollada por Clara Antinao y el asentamiento de un método de aprendizaje de la lengua, creado por ella misma.

Cuando Clara Antinao no está haciendo clases de mapudungun, se concentra en la platería, que le encanta. De sus manos nacen trapelacuchas y trariloncos. "Todo tiene un sentido en estas joyas; un metal usted lo puede hacer hablar", dice convencida, insistiendo en lo que considera su misión en la vida: comunicar la cultura de su pueblo.

Siendo chica, mucho antes de que decidiera emigrar de Cholchol, Clara fue a la escuela. No sabía hablar español, que le enseñaban con el silabario "del ojo". "Era terrible", cuenta, "porque en nuestra lengua no existe el sonido de la jota; nos costaba tanto que le sacábamos la página al silabario".

Esas fueron las primeras semillas que anidaron en su corazón. Señales que se ratificaron al llegar a Santiago, donde, simplemente, dejó de hablar mapudungun. También en la capital constató que muchas familias de su tierra ya no enseñaban la lengua a sus hijos por temor a la discriminación.

Esas y tantas otras situaciones que afectan a la lengua conversacional de nuestras tres culturas originales (Rapa Nui, Aimara y Mapuche) espera revertir el Programa de Fomento de las Lenguas Nativas en el Sector Urbano, que dirige Vicente Ruiz, compartiendo responsabilidades con Clara Antinao, maestra (kimelfe), y Leonel Lienlaf, poeta. Un programa que nació en 1995 y cuya primera actividad fue el I Encuentro de Lenguas Nativas. Desde entonces a esta parte, las clases de mapudungun - dentro del programa- han dado comprobables resultados y se multiplican tanto entre aquellos que se identifican naturales descendientes de los pueblos originarios como entre aquellos que no siéndolo, también se identifican y necesitan comprender mejor la vida de pueblos todavía desconocidos pero esenciales en la identidad de la nación.

El proceso viaja hacia definir un método de aprendizaje y enseñanza, con el impulso paralelo de detener las condiciones en las que el pueblo mapuche ha tenido que vivir. Vicente Ruiz apunta al tema de la discriminación. "Distingo dos etapas. Una de erradicación, que es expulsión solapadamente legal o de hecho de los indígenas de las tierras que habitaron desde tiempos inmemoriales, y otra de emigración a las ciudades, donde son tratados como inferiores étnicamente por no tener estudios ni hablar la lengua castellana", señala. "En esta convivencia opresiva en que se ven sobreviviendo, los indígenas callan su lengua durante poco más de medio siglo con el fin de aprender la lengua dominante. Es en este período que se pierde la lengua en casi toda una generación intermedia entre los primeros que llegaron y los que nacieron en el sector urbano".

Ruiz ahora lleva un doble estandarte. Primero, consolidar la gramática desarrollada por Clara Antinao, "una mujer mapuche que habla la lengua y la ha estudiado", y luego, asentar un método de aprendizaje "creado por ella misma y que está probado". Para el paso siguiente, su plazo es de tres años. "Queremos que para el 2004 se haya establecido un Instituto de las Lenguas Originarias de Chile, donde en principio se considere el simple derecho natural de los pueblos originarios a hablarlas, además de estudiarlas y multiplicar su uso conversacional cotidiano y profundo. Este año incluiremos el Rapa Nui".

El programa cuenta con el apoyo de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam), de la Secretaría General de Gobierno y, eventualmente, de algunas embajadas (en especial, de países nórdicos). "Lo que tengo que conseguir", dice Ruiz, "es que el Ministerio de Educación se haga parte, oficialmente, de este programa en el mundo urbano, tal vez a través de un cogobierno inteligente y respetuoso, considerando el valor patrimonial vivo de las lenguas de nacimiento de nuestro territorio (nativas), dando estabilidad, continuidad y logros a nuestro programa. Estamos abiertos a esa invitación".

Ruiz cita párrafos del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ratificado en casi todo el mundo menos en Chile: "La autoridad competente deberá asegurar la formación de miembros de estos pueblos y su participación en la formulación y ejecución de programas de educación, con miras a transferir progresivamente a dichos pueblos la responsabilidad de la realización de esos programas. Además, los gobiernos deberán reconocer el derecho de esos pueblos a crear sus propias instituciones y medios de educación" (Parte VI Educación y medios de comunicación. Art. 27. Puntos 2 y 3).

"Por fortuna, los últimos dos gobiernos han avanzado mucho respecto a leyes de desarrollo, pero está pendiente un reconocimiento constitucional y, en cuando a la Ley Indígena, ciertas modificaciones, entre las que se cuenta declarar a Santiago como zona de alta densidad indígena, con el fin de otorgar recursos mayores en el sector urbano donde hoy vive la mayor población indígena".

Lengua madre y Segunda lengua

No todo estaba perdido. Si bien callados y al margen, hubo quienes mantuvieron el conocimiento. Quedó flotando una cierta música lingüística, una memoria musical que se transformó en necesidad de letra concreta para las nuevas generaciones.

"Entre los expulsados de sus tierras yo encontré mi tierra", dice Vicente Ruiz para explicar su entrega a este trabajo.

Su historia en esto se remonta a los inicios de los '90 cuando llegó a Tulor, donde conoció a un joven que lo impuso de la necesidad que tenía de hablar su lengua, el cunza. "Desde entonces y hasta hoy, sufrí una transformación radical. Conviviendo con el pueblo mapuche, trabajando juntos, aprendiendo su lengua, tomé conciencia de que son una cultura profunda, compleja y maravillosa. Lo mismo que los otros pueblos, el aymara y el rapa nui. Esto se me ofreció en vida. En este descubrimiento lleno de admiración me he ido sanando".

Hasta hace muy poco, la lengua se transmitía sólo a través de la tradición oral; sin embargo, debido a los problemas ya señalados, esa tradición oral también comenzó a extinguirse. "Por eso es importante lo que ha hecho Clara Antinao. Su método es la intuición de una persona mapuche que, autodidacta e independientemente, ha trabajado la posibilidad de formalizar una gramática del mapudungun a partir del hecho de estudiar castellano, reflejando esta equivalencia en la estructura del mapudungun, sin que ninguno de los códigos se sacrifique por uno dominante", señala Ruiz.

"Ninguno de los otros trabajos - específicamente los presentados por Félix de Augusta (1903) y E. Wilhem de Moesbach (1962), ambos alemanes, e Ineke Smeets (1989), de Holanda- , tendientes a la obtención concreta de una gramática indígena ha sido planteado desde el interior del pueblo mapuche, como sí lo ha hecho Clara Antinao. Las visiones externas, sin duda que han aportado, pero se limitan al margen de dominio nativo de la lengua e impide un conocimiento más enraizado, necesario porque hay muchas diferencias que dependen del lof (comunidad) en que la lengua se vive".

Existen variantes dialectales mínimas que no afectan en el caso del mapudungun, lengua común entre los lafquenches, gente de mar o de la costa; los williches, los más australes; los picunches, que hablan el más antiguo mapudungun debido a la alta resistencia que opusieron a las influencias, y los pehuenches o huenteches, que huyeron de las persecuciones y erradicaciones hacia las tierras más altas.

El Programa de Fomento de las Lenguas Nativas en el Sector Urbano (que funciona en Purísima 251, barrio Bellavista, fono 4429635) cuenta hoy con cuatro niveles diferenciados de estudiantes: cuarto año (hablantes), tercer año (estudios avanzados), segundo año (nivel intermedio con un año de estudios) y primer año (nivel básico o no hablantes). Es importante señalar que los alumnos, después de aprender con el método Antinao, pueden enseñar a otros este nuevo sistema.

Vicente Ruiz: "Existen también otras experiencias oficiales que buscan un método de enseñanza. Las universidades Católica de Temuco, Austral de Valdivia y la Frontera trabajan a través de lo que se llama Educación Intercultural Bilingüe (EIB), que no es otra cosa que hablar de la cultura y el mundo mapuche, muchas veces por personas no hablantes, exponiendo los contenidos en castellano. Hay otra experiencia más reciente, desde el Ministerio de Educación, que parte de la premisa de recuperar la enseñanza del mapudungun en el sector rural, donde sólo vive el 20 por ciento de los indígenas, pero enseñando la lengua no como si se tratara de una lengua materna sino como una segunda lengua; es decir, como enseñar inglés o francés. Es un error pensar que los indígenas puedan adoptar su lengua materna como si fuera una segunda lengua. Cuando se comienza a pensar en el idioma, aprendiendo fonéticamente, se despierta la memoria de la vivencia cultural que toda lengua contiene en complejidad y profundidad".

El método de Clara Antinao tiene la propiedad de despertar en orden la memoria lingüística musical de los indígenas y trabajar la comunicación con los no hablantes a partir de una gramática de verdad mapuche.

Es necesario aclarar que, a pesar de que hay resultados evidentes, la definición y codificación del método Antinao se mantienen restringidas a un ámbito "no científico" - lingüísticamente hablando- desde el punto de vista de sus reglas y estructura. "Esto hace difícil un análisis de las características o ejes que permiten aprehender la metodología. Otro de los desafíos del periodo 2000-2004 es la definición de las características internas del método de Clara", agrega Ruiz.

Difícil consenso

Todo este trabajo es muy complejo, ya que hay muchos aspectos variables en relación a la lengua y su uso. El sonido difiere, cada profesor utiliza su propio grafemario (a la señora María Catrileo se debe un grafemario unificado y su Diccionario Lingüístico-Etnográfico de la Lengua Mapuche, de 1996) y la transmisión ha sido oral.

"Yo elaboré un grafemario fácil", dice Clara Antinao, "tomando en cuenta el castellano y dejando de lado letras como la jota, que no se puede incluir porque su sonido no existe en mapudungun. Elaborar una gramática es muy difícil y me obligó a autoeducarme. Tuve que partir por entender muy bien todos los aspectos de la gramática castellana".

Otro aspecto que hay que considerar es el hecho de no lesionar la cultura de un pueblo a la hora de fijar la lengua, ya que el tránsito desde la oralidad hacia una enseñanza abecedaria y gráfica cambia la forma en que el pueblo percibe la realidad y se socializa.

Clara Antinao:

"Pero por muy oral que sea la lengua, la gramática está formada. Lo que pasa es que no la conocemos".

El poeta Leonel Lienlaf está de acuerdo en que el problema plantea una situación algo incómoda. "El mapudungun es una lengua oral y, por ello, establecer un grafemario resulta un poco paradójico; sin embargo, creo que en los tiempos en que vivimos, donde la imposición cultural hace imposible el desarrollo de la oralidad, es necesario establecer una base escrita del idioma aun cuando esto signifique que la riqueza de la movilidad del idioma se pierda".

Escrita o no, sucede que no hay cultura que sobreviva sin una lengua. Es la autoestima de una lengua viva y propia la que mejor describe las múltiples posibilidades que adopta el pensamiento de un pueblo y su cosmogonía. Lienlaf: "Una lengua no normada no existe como tal; no sería lengua. Las normas son aquellas que hacen que el idioma se pueda desarrollar y entender en un determinado contexto".

El poeta opina que la literatura podrá adaptarse a una gramática fija, e insiste en que el hecho de que los patrones de creación de la literatura mapuche estén dados desde la oralidad también provoca una pérdida importante: "No hay duda de que al desarrollarse en forma escrita también irán cambiando las formas de crear y es probable que nazcan nuevas formas y géneros de creación desde la inmovilidad de la escritura", dice.

Clara Antineo es muy precisa: "Tenemos que llegar a un consenso porque si no el trabajo será perdido. Las palabras distintas para designar lo mismo deben ser tomadas como sinónimos: nueva riqueza para la lengua".

Leonel Lienlaf opta por una respuesta más abierta: "Creo que más que consenso se necesita que haya experiencias concretas con el uso de ciertos grafemarios; al final, el uso de los hablantes y, sobre todo, de los escribientes, dará legitimidad al que sea más práctico".

EN LÍNEA CON LOS MAPUCHES
Según estudios de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi), se estima que la población indígenaes de un millón 300 mil personas, aproximadamente, lo que corresponde a poco menos de la décima parte del total nacional, según el censo de 1992. De esta cifra, la Encuesta de Caracterización Social de 1996 (Casen) señala que los mapuches representan el mayor porcentaje (81,39 %), seguidos de los aimaras (14,15 %) y otras etnias (4,36 %). Entre estas últimas están los atacameños (1,57 %), rapa nuis (1,22 %), coyas (0,86 %), quechuas(0,54 %), yaganes (0,15 %) y kawashkares (0,02 %).

El interés por la consolidación de la lengua y el aumento de opciones de las comunidades indígenas comprende acciones en ambitos diversos.

Una iniciativa es la que planteó la reciente reforma procesal y que movió al Ministerio de Justicia y a la Conadi a trabajar en una suerte de registro de traductores de lenguas nativas (mapudungun, rapa nui y quechua) para que oficien de intérpretes en el caso de que las víctimas o los imputados de origen indígena no hablen, lean ni escriban el idioma español.

En septiembre de 2000 se informó de la circulación mensual del periódico intercultural "Nuestros Pueblos", editado en lenguas nativas y español por la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, destinado a informar sobre los beneficios gubernamentales en favor de los pueblos originarios. Esto se debe, según el editorial del primer número, a que los medios tradicionales centran su atención en los conflictos.

A mediados de 1999 fue inaugurada una biblioteca en una ruca. La idea fue de la asociación Indígena Inchin Mapu para difundir la tradición de su pueblo. Además, es un museo con música, artesanía, objetos típicos y cursos de mapudungun (comuna de La Pintana, en El Ulmo con John Kennedy, en el paradero 37 de Santa Rosa).

Para informarse acerca de tradiciones de la cultura mapuche hay varias páginas en Internet. Entre ellas:

Relato de Antigua Tradición Mapuche
http://www.soc.uu.se/mapuche/mapuint/ancan980623.htm

La Nueva Salida del Sol
http://www.soc.uu.se/mapuche/docs/arauc/980710.htm

Diccionario de Mitos y Leyendas
http://www.cuco.com.ar/mapuches.htm

Teorías sobre el origen de los mapuches
http://www.chileaustral.cl/culturas/mapuches/mapuc05.html

Página de organizaciones mapuches
http://mapuches-urbanos.tripod.com
Fuente: El Mercurio de Santiago

<< La música como profesión Gracias a la Vida >>


©2018 Música de Chile
Diseño y programación: Marcos Maldonado Aguirre
La Florida, Santiago de Chile