Música de Chile
Septiembre 20, 2009
Chile tiene alma de Parra
De la Sotta Donoso, Romina (2008)
Los hermanos Nicanor, Violeta y Roberto Parra lograron que Chile entendiera que la cultura popular también es arte. En estas Fiestas Patrias, descubra la historia y los secretos de una gesta familiar sin igual.

"Toda la familia Parra nació con un talento excepcional para la música y la poesía. Don Nicanor Parra (padre) y doña Clara Sandoval tenían talento. Violeta me dijo que tonadas que yo conocía como tradicionales, eran originales de su padre", recuerda el musicólogo Gastón Soublette, profesor del Instituto de Estética UC, quien se convirtió en discípulo de la artista apenas la hubo invitado a la radio Chilena, en 1954.

"Antes de escuchar el Casamiento de negros y el Verso por el fin del mundo de Violeta, yo pensaba que el folclore chileno eran cuecas y tonadas nomás. Fue una revelación y, gracias a sus recitales y grabaciones, Chile se enteró de la existencia del canto a lo poeta. Nicanor me contó que un cantor de Puente Alto se alojó en su casa y que ahí Violeta aprendió esta tradición que está basada en la décima, la que, según Nicanor Parra, es la forma estrófica más perfecta que jamás se ha hecho en la lengua española", cuenta.

Antes, Violeta ya había compuesto una tonada con un texto que don Nica escribió basándose en el arquetipo chileno del hijo arrepentido. Pero ahora estaban "deslumbrados" al saber que el canto a lo poeta se emparenta con los trovadores medievales europeos. "Nicanor la incentivó mucho para que siguiera este camino, fui testigo", recuerda Soublette. Y Violeta pasaría a la historia por haber rescatado la cultura poético musical chilena.

Artistas bravos

"Su tesón llevaba a Violeta a insistir más allá de lo que la prudencia aconseja. Las mismas arpilleras y pinturas que expuso en 1964 en el Louvre, habían sido rechazadas en Chile por la Feria del Parque Forestal. Es que ella no sólo promovía la cultura popular, sino que lo hacía con una actitud desafiante hacia la burguesía chilena. Los franceses, que nunca habían visto algo igual, le preguntaron cómo había hecho sus tapicerías. 'A la suerte de la aguja', respondía ella".

Pero Violeta no estaba sola en esta vereda del arte. Junto a ella, y con la misma punzante e ingeniosa ironía, brillaba Nicanor. "Nicanor lo dice, 'yo soy como el indio, digo una cosa por otra'. Él partió escribiendo en la antigua tradición de los poetas chilenos. Y después se pasa a la antipoesía en una actitud rupturista, cuestionando que alguien se proponga crear un lenguaje deliberadamente poético", dice Soublette, y agrega: "Nicanor es el intelectual de la familia, porque es tanto un físico matemático como un hombre que conoce muy bien la poesía de habla inglesa y francesa, y la tradición española. Y por haber creado la antipoesía, su obra es culta y popular a la vez".

Y tal como Nicanor, había elegido a Violeta en 1932 para traérsela a Santiago con él, después de que muere el padre, potenciándola como artista, los dos bendecirían a su vez, a lo largo de toda la vida, a su hermano Roberto. El etnomusicólogo Rodrigo Torres, profesor de la Facultad de Artes de la U. de Chile, los llama la "Trinidad non sancta del arte popular chileno". "Entre ellos tres, además de una relación fraternal de mucho cariño, hay también admiración y respeto", dice.

Públicamente, el bautizo lo hizo Nicanor en 1980, y quedó registrado en la edición artesanal de las "Décimas de la Negra Ester", el primer libro de Roberto Parra. "Ahí el tío Roberto se incorpora como el tercero de este trío familiar que representa el puente entre la oralidad y el mundo del arte, tal como lo entiende el sistema de las Bellas Artes, que es con escritura y partitura. Antes, lo popular se remitía al folclor", apunta Torres.

En el prólogo, Nicanor anuncia a Roberto: "es hermano de Violeta y Nicanor Parra, folklorista y antipoeta chilenos respectivamente. Es el menor de los tres, aunque sólo en edad. Con la Negra Ester, su único libro publicado, Roberto se sitúa -cuando menos- a la altura de sus hermanos mayores. Lo que no es poco decir, ¡Caramba!'". Y sigue: "Violeta y Nicanor representan el campo y la ciudad, respectivamente. La Viola quedará como la expresión máxima de la poesía rural chilena. Y don Nica, como el señor Corales de la maffia de cuello y corbata ¿verdad? O no, dicen Uds.... Por su parte el tío Roberto opera de hecho en los bajos fondos -en el barrio chino de la palabra hablada- al margen de toda convención policial o académica. Por favor no se le exija cédula de identidad ni RUT. Es un producto de San Pablo abajo. No tiene sus papeles en orden".

Genialidad triple

"Nicanor y Roberto eran yuntas y jugaban como niños. Nicanor aprendía del libertario que recorría el país como si fuera el universo", dice Torres. Y Catalina Rojas, la viuda de Roberto, agrega: "No he conocido hermanos que se quieran tanto. A Nicanor, Roberto le decía hermano-padre y lo admiraba mucho. Y Nicanor lo guiaba, sobre todo en la cosa de escribir, le enseñaba a desarrollar el tema. Cuando lo iba a ver, volvía agarrándose la cabeza: 'lo que me dijo Nicanor, ¡qué voy a hacer!'".

Con ese empujón, Roberto revolucionaría la dramaturgia chilena con una obra en décimas, que además tenía su propia música, de un género que él había sido el primero en grabar: la cueca chora. Esa vez, en 1965, fue Violeta quien casi lo obligó a registrar "Las cuecas de Roberto Parra", con las inolvidables "El chute Alberto" y "Tengo una mina en Mapocho". Y no sólo eso, ella misma tocaba en algunas los tarros. "Sus cuecas choras son inimitables y además de escribir teatro, creó el jazz guachaca. Roberto Parra es un geniazo popular", consigna Soublette.

Su admiración por Violeta era infinita. "Decía que era muy, pero muy inteligente. Y después de que murió siempre andaba hablando con ella. 'Violetita, si está escuchando...', decía. Es que se querían mucho" comenta Rojas.

Por si las moscas, en 1983, don Nica le dejó un nuevo recado escrito a su hermano: "Yo creía que el genio de la familia era Nicanor/ hasta que conocí a la Violeta/ claro que hoy me quedo con Roberto".

Nicanor, Violeta y Roberto son el puente entre la oralidad y el mundo del arte, dice Rodrigo Torres.

El gen Parra

Nicanor Parra y Clarisa Sandoval tuvieron nueve hijos. Hoy sobreviven el mayor, Nicanor (95); Lautaro (71, músico y escritor) y Óscar (69, artista circense). Hilda y Eduardo fueron músicos, al igual que lo son, de la segunda generación, los hijos de Violeta (Ángel e Isabel); de Hilda (Nano), de Nicanor (Colombina y Juan de Dios "Barraco"), y de Eduardo (Clarita). Son artistas visuales una hija de Nicanor (Catalina) y una de Roberto (Nina), y la otra de Roberto, Leonora, es poeta. En la tercera generación se suman a los músicos los hijos de Ángel (Javiera y Ángel), la de Isabel (Tita) y el hijo de ésta, Antar.

Historias de familia

El entrañable cariño que se tuvieron Violeta y Roberto se vio reflejado en algunas creaciones. "Se querían mucho con la Violeta. Ella le hizo una cueca, ésa que dice 'Por pasármelo toma/ la vida me pe/ me pegaron en pato...". También le dedicó un par de arpilleras, en una aparece un hippie que para atrás va lleno de flores. Y 'La carta', claro. Dice Roberto que iba pajareando por la Quinta Normal y había una marcha. Y se metió nomás. Y los tomaron a todos presos. La mamá lo fue a sacar, pero él dijo 'Yo salgo con todos o si no no salgo'. Entonces doña Clara le mandó a la Violeta una carta para Europa diciéndole 'Roberto está preso'", revela Catalina Rojas.

Roberto, explica, le hizo a su hermano-padre la cueca "Cumpleaños 80 de Nicanor", en 1994, un año antes de morir. Y a Violeta, le escribió muchas décimas. El más pequeño de los tres debutó a los 14 años como músico de boliches y casas de prostitutas, tocando cuecas y una versión propia del foxtrot que llamó "jazz guachaca". Patiperro, ejerció como electricista, jardinero, carpintero, arreglador de guitarras y de bicicletas, y por eso don Nica lo bautizó "Maestro Pinina". Muchas veces, so pretexto de que le hiciera arreglos en su casa, se aseguraba de tenerlo cerca por un tiempo. "No he conocido dos hermanos que se quieran tanto. Roberto se moría por él, lo admiraba. Se hacía todo lo que Nicanor decía", confiesa Rojas.

Publicado en el El Mercurio de Santiago el domingo 20 de septiembre de 2009
Fuente: El Mercurio de Santiago

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