¡Oh! dulce amor mío dancemos este vals y olvida las penurias que solemos pasar.
Siempre, nunca olvides al hombre que te amó, el que con voz sincera amores te juró.
// Quieres, pues, que desconfíe ya de las caricias que mal me jurabas tú, para que de este modo yo pueda implorar tu falso amor. //
// Hay momentos en la vida en que el alma se turba seducida por el huracán de mi querer. ¡Oh! que mala estrella pude yo tener, aún no comprendo este mal.
Por qué habré nacido para tanto padecer, esta mala estrella quiero yo romper. No hay remedio para mí, para calmar mi sufrir mejor quiero morir. //
// Más, qué haré yo sin poder olvidar, olvidar la mujer amada, hasta su último adiós. //